High School DxD es el ejemplo perfecto de cómo el fan service desmedido puede camuflar una trama mediocre y llena de conveniencias guionísticas. Se le tilda de 'culto' solo por nostalgia o fijación visual, pero si le quitas el ecchi, lo que queda es un protagonista genérico con un power-up tras otro sin justificación sólida. La construcción de su mundo es un collage de mitologías mal ejecutadas que palidece ante cualquier obra de fantasía con verdadera sustancia. No es una obra maestra incomprendida; es simplemente humo empaquetado para quienes confunden la excitación con la calidad narrativa. Es hora de admitir que su relevancia actual se debe al morbo y no a un valor artístico que realmente merezca trascender.


